EL ABRAZO


           El martes mientras esperaba a Rivera fue la primera vez que vi con mis ojos El abrazo. Me impactó. Más exactamente fue la emoción que sentí al mirar y reconocerlo sin esperármelo la que me subió como inyectada. Sabía que estaba por allí pero no dónde. Ya sé que es un símbolo, pero ese concepto, aunque lo conozco y lo manejo, rara vez me alcanza. Me gustó la noticia de que lo recuperarán de un sótano y lo expusieran en un sitio donde sí es un reconocimiento a una generación que dinamizó la calle, que es a donde dan todas las puertas. A partir de ahí se abren. 

           Abrazo es una palabra preciosa, que envuelve, que me inclina hacia delante al decirla o al mandarla. Pero eso ocurre hasta que cierro los ojos, y le doy vueltas a la última idea del día, o a la que me reconcome. Entonces y con suerte, me voy poco a poco a esa dimensión en la que todo puede cambiar. Soñar es agitar la realidad y recolocarla a nuestro gusto. Creo que olvidamos los sueños para poder soportar la realidad o dormiríamos infinitamente si cada mañana se desvaneciera ese mundo ideal donde no hay otra cosa que alma o corazón o como se quiera llamar. Se me hace difícil describirlo porque apenas es un recuerdo borroso, escurridizo y roto en pedazos, en imágenes, pero que flota aún por dentro, que da margen para disfrutar y seguir.

         Yo he soñado muchas veces con un abrazo. Muchas que recuerde, luego es seguro que habrán sido más. Cambia la situación, las palabras, la invitación o la provocación que lo desata. Pero los brazos, siempre los mismos brazos, no cambian. Me rodean y me guardan. Me acurruco en ellos, apretando la nariz en el cuello, en su principio, en su olor.

         Ayer cuando me desperté me costó salir del sueño. Fue de esas veces que no es que me acuerde, es que abro los ojos y todavía estoy allí, lo extraño es lo que veo, tardó en comprender mientras aún noto el tacto, el calor, el deseo. Entonces, al situarme y entender con frustración que era un sueño, la columna se me endereza, me pongo rígida, vuelvo a ser yo, la que soporta mal que la toquen. Escalofrío y repelús, todo batido en la piel y en la cabeza. Pero una cosa nueva, algo diferente me pasó al salir al día. No me zafé ni quité sus manos de mis hombros, ni las mías de su espalda. Eran mis brazos los que abrazaban. No fue escabullirme, fue dejar de rodearle. Era un abrazo mío y era yo quien daba el calor. Noto que me agrando. Y me gusta.

          Cuando llegué al congreso bajé a ver otra vez el cuadro. Y ya le hice una foto del interior. Me gustan todos sus abrazos. Los que son invitación y los que son apretados. Los que se esperan y los que se dan. Y los que en la vida te salen al encuentro. Que no son tantos. 

         Ahora, contándolo, se me relaja la armadura, que no es nada fácil y voluntariamente no sé hacerlo, no me sale. Y también la imaginación. Y no quiero pensar que si me vale un sueño, si es asaltar los cielos, cómo serán nuevos abrazos que vengan con los ojos abiertos. 

         Tenía más palabras que abrazar aquí. Pero las lágrimas que noto que suben van a poner el punto por mi, ese que siempre me cuesta. Tengo cosas que hacer, tengo que secarlas antes de que salgan

Un abrazo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s